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Las palabras se las lleva el viento

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Espero que mis 50 poemas sean del agrado de todos, que sean reconocidos, considerados como buenos, aprendidos, recitados, parafraseados, degustados y reeleídos una y otra vez. Espero que cada persona que se acerque a mi obra encuentre en ella, aunque sea un solo verso que le cale en el alma, que le ayude en alguna situación dolorosa o a expresar un sentimiento que no logra explicar.

  LA CISNE Y EL CAZADOR

Un hombre se enamoró de una blanca cisne, que a su ventana llegó,

se llenaron de un gran amor sus corazones y consumaron su unión

y cuando ella el frío adiós pronuncio a él, el dolor lo embargó,

¿por qué te vas?, le preguntó aquel ser lleno de un profundo desconsuelo,

¿no te vayas, no ves que te amor?, grito tan fuerte que su voz inundo el cielo,

la cisne lo miró, regó una lágrima pero no dijo ni una sola palabra y se marchó.

 

El sufrimiento se convirtió en el aire que respiraba aquel triste varón,

los pensamientos lo asaltaban e imágenes de ella con otro cisne lo desgarraron,

entonces se dijo así mismo: “por ella me convertiré en cruel cazador”,

tomó un sombrero, una chaqueta y una escopeta y de su casa salió,

rodó por el mundo buscando en cada lago el origen de su dolor,

buscó y buscó sin descanso , camino y camino con gran favor,

pero después de mucho viajar hasta el momento en ningún lago la encontró.

 

Se sentó a descansar en la rivera de un claro arroyo,

pensaba: ¿dónde podre encontrar de aquella bandida su nido caloroso?,

quería venganza, clamaba por un desquite, por eso se había hecho cazador,

anhelaba encontrarla con aquel despiadado que de su ventana la robó

y cuando los tuviera al alcance que una bala atravesara a cada uno el corazón,

deseaba que antes que ella de este mundo partiera, sintiera un poco de su dolor.

 

Mientras pensaba a sus oídos llegó un bello canto que lo emocionó,

se acercó a la fuente de ese canto con sigilo y he aquí que la encontró,

era la cisne que lo hirió que cantaba con gran alegría y esplendor,

tomó la escopeta y le apuntó, quería romper por completo su pecho,

ver con encanto cómo se destrozaba por completo su frio y perverso corazón.

 

Cuando el gatillo presionó vio cómo su cuerpo en el agua del arroyo calló,

corrió hacia su cadáver, para ver si en verdad con el disparó la mató,

al llegar encontró el cuerpo flotando en medio del agua manchada de luto

y en la orilla un nido con pequeños polluelos que lloraban por lo acontecido.

 

Dentro del nido junto a los polluelos se encontraba de él una foto

y una carta que se hallaba sellada  y en el sobre su nombre escrito,

la abrió con gran temor y al leerla quiso la muerte de un solo disparo,

en ella decía: amor mío perdón por mi adiós, a mí también se desgarró el corazón,

tuve que partir con el viento porque a tu ventana había llegado el invierno,

muy pronto regresaré junto al fruto de nuestra profunda unión”.